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24 julio, 2011

Arte

Ignacio Guzmán

Cerámica Escultura

 

Palabras de George Clarke

 

 

Las esculturas de Ignacio Guzmán transitan libremente entre lo abstracto y lo representacional, logrando con ello una cierta afortunada incomodidad, esa que sentimos ante lo que no podemos definir. El uso de formas geométricas básicas nos recuerda al minimalismo, aquella corriente felizmente obscena que simplemente arrojaba objetos al mundo cuyos significantes no significaban nada, dejándonos en un naufragio interpretativo, sin adjetivos más que para describir la existencia formal desnuda. 

En este sentido podemos afirmar que las esculturas, ―en el caso de que nos quisieran decir algo, y utilizando terminología prestada de la epistemología—, contienen preposiciones analíticas y sintéticas. Las primeras hablan sobre sí mismas; es el enunciado que se basta a sí mismo, como un cubo o una esfera que ha renunciado al mundo y deambula libremente entre los demás elementos. Las preposiciones sintéticas son aquellas cuyo sentido y valor de verdad dependen del mundo; por ejemplo, la pieza titulada «Fuente» hace referencia al objeto que conocemos con dicho nombre, sin embargo, es a la vez una pieza construida con formas geométricas, tautologías cerradas que al juntarse nos permite encontrar un significado amable en la forma conjunta que se parece a un objeto del mundo que llamamos fuente.

Guzmán se refiere a sus esculturas como «maquetas». Hay un inevitable paralelismo con la construcción arquitectónica, como si las obras fuesen planificadas para ser reproducidas a gran escala; «Ciudadela» podría ser una ciudad en miniatura perdida en la mente de su creador. La similitud de algunas piezas con construcciones de antiguas culturas milenarias —como «Restos» o «Castillos en el aire»—, otorga a la obra un matiz atemporal y ajeno al ajetreo de la vida moderna. Tal vez este sea el resultado de vivir y crear en el campo, lejos de las prisas y del mundanal ruido. 

Alguna vez alguien definió la arquitectura como «música congelada». Cada plano es una nota que sostiene la armonía global. Guzmán también tiene formación musical y posiblemente sus construcciones también participen de armonías y contrapuntos escultórico-musicales. 

El proceso de construcción de cada pieza es lento y requiere gran paciencia. El boceto inicial termina siempre rindiéndose ante la fuerza y autonomía que adquiere la obra en su proceso de formación. El artista ha inventado su propio material de construcción, que llama misteriosamente «material translúcido». Dicha sustancia debe pasar por el horno para concretarse, y este proceso, similar al proceso cerámico, siempre revela sorpresas al salir del horno. El azar es un elemento fundamental, pero no es un azar arbitrario, sino un factor de incertidumbre aceptado con agradecimiento y necesidad, como la vida misma. Las piezas logran una delicada tensión al ser construcciones fuertes pero a la vez translúcidas; la solidez de la construcción contrasta sensualmente con la translucidez de sus planos. 

Ignacio Guzmán no nos quiere contar historias sobre el mundo. No hay finales felices, ni héroes o villanos. Las obras hablan al espectador con su propio lenguaje; dialéctica de la forma y el vacío, la luz y la sombra, el espacio y el tiempo; todo ello en armonía estética con el mundo y el pensamiento.

                                                                                                                     George Clarke

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